Lo que está pasando.

 

El mundo de las bicicletas es casi tan extenso como el planeta tierra. Cada lugar tiene su cultura y su relación con la bici. En Holanda, por ejemplo, dejó de ser solo un elemento recreativo y ahora es un medio de transporte. Bicis urbanas son las más comunes en estas calles, en las que tienen la prioridad sin gritar, ni exigirlo, ya es una costumbre. En Noruega pasa lo mismo y hasta tienen puentes y autopistas exclusivas para las bicis. En Francia, el gobierno ha decidido dar incentivos económicos para quienes usen Le Velo para llegar a sus trabajos. Inglaterra ha designado carriles especiales para rodar, junto a los carriles de carros; y en Nueva York los carriles verdes dan exclusividad para el tránsito de estas. Y no es sorpresa, pues después de tantos años e incremento desmedido del parque automotor, las ciudades han optado por alternativas de transporte más eficientes, limpias y económicas. Bogotá no es la excepción y con sus 440 kilómetros de cicloruta y su Ciclovía cada domingo, en la que además cierran las vías para su funcionamiento, la capital es líder en Suramérica. Este avance ha generado el aumento de bicis rodando por la ciudad. Entre carros, motos, semáforos y peatones, Bogotá es una delicia para andar en bici y no solo recreativamente sino para hacer cualquier cosa. Llegar al trabajo sin espicharse en Transmilenio o esperar sin opción un taxi o estresarse en el trancón, es fácil si lo hace en bici. Hay muchas opciones: bicis playeras, plegables, urbanas, tipo fixie, de montaña, de ruta y hasta unas de llantas gigantes. Cada una tiene su funcionalidad y tantos fanáticos como enemigos, pero como dicen los abuelos, “entre gustos no hay disgustos”. Y aquí surge una gran pregunta: ¿Dónde dejo mi bicicleta? Pues aunque existe una nueva regulación en la cual se dice que los edificios y establecimientos deben tener ciclo parqueaderos, está muy reciente y falta un tiempo para que todo esté de acuerdo a lo dicho. Entonces sigue la incógnita. Pues bueno, la respuesta es muy sencilla: donde sea. Bogotá es una ciudad hecha para montar en bici. Sin querer, Gonzalo Jiménez de Quesada organizó la cosa en el mejor terreno, una extensa sabana con poca inclinación. Esto hace que hoy en día se puedan cruzar los, cerca de 35 kilómetros que separan al norte del sur en algo así como dos horas. Pero no es solo el territorio, las señales de tránsito, los parques, los arcos que protegen los miles de pequeños árboles y los ciclo-parqueaderos que ya existen son una ventaja pues a ellos se puede asegurar cualquier bicicleta.

En el mercado hay muchas opciones; todo comenzó con las cadenas que venden en las ferreterías, luego las guayas, forradas en plástico; y ahora los candados, los hermosos e indestructibles KRYPTONITE. Candados, guayas y cadenas que dan un gran nivel de seguridad y con los que puede dejar su bici donde sea mientras entra en vigencia total la nueva regulación.

Para mayor información de las opciones para asegurar su bici visite Kryptonite Bicis